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12 abr. 2013

Sonríe o muere: La trampa del pensamiento positivo

Hacía más de un año que una profesora de psicología de la personalidad me había hablado de la psicología positiva (de la que hablo más adelante), comentando varios libros. Entre ellos se encontraba uno que planteó como crítico con dicha corriente. Pues lo saqué de la biblio de mi facultad y me lo acabo de leer. Para empezar, decir que es una lectura muy interesante, que se lo recomiendo a cualquiera con un mínimo de inquietud intelectual por temas sociológicos, filosóficos, psicológicos y demás temas relacionados con nuestra especie. También lo recomiendo independientemente del punto de vista, siempre y cuando cumpla el criterio anterior y presente un mínimo de flexibilidad intelectual y actitud escéptica.

Mi intención en este artículo no va a ser valorar o evaluar el libro. Considero que es un libro interesante al cual se le puede sacar algún "pero", sí, pero del cual creo que se pueden sacar conclusiones interesantes. Aun cuestionando la certeza de algunas afirmaciones y comparaciones. Así, mi propósito es extraer esas conclusiones y exponéroslas.
Portada original y un resumen:




En este libro la autora nos expone un análisis muy interesante de una corriente cultural que abarca muchos aspectos como el mundo empresarial, la ideología, la religión, etc: el pensamiento positivo. Y nótese que no he dicho "el optimismo", ya que la autora quiere (y yo opino que consigue) analizar dicha corriente, más allá del optimismo en general. Ella no defiende el pesimismo, e incluso le saca iguales desventajas al pensamiento negativo. A lo largo del libro atraviesa varios aspectos importantes de dicha corriente, como es su historia y relación con la de los EEUU, el uso de esta corriente por parte del mundo empresarial, la relación con la religión, lo que me llevó a este libro (la psicología positiva) o la cientificación de la corriente y el efecto del pensamiento positivo en la economía de los años pasados.
Empecemos:


El libro empieza con una introducción que esboza la existencia del fenómeno del pensamiento positivo en los Estados Unidos, cómo ha afectado a este país. El libro hace un vuelo superficial por el contenido que tratará en posteriores capítulos, y consigue engancharte instantáneamente. Un subidón bastante notable que contrastará con el bajón que da el inicio del siguiente capítulo. Sí, voy a guiar la entrada por los capítulos. El libro está bastante bien estructurado, no puede ser de otra forma.

Y es que en el siguiente capítulo, la autora nos cuenta algo de su historia personal... Y espero que os hayáis hecho una idea de lo que significan esos puntos suspensivos. Sí, insatisfacción. Me mosqueó que la tía me contase su vida. Me recordó a los otros tantos libros que he leído cuyo tema no es la vida del autor, pero éste se las apaña para contarte algo suyo en algún lado. Pero, ¿Viene a cuento? Sí, viene a cuento. La mujer sufrió cáncer y descubrió el mundo del pensamiento positivo a partir de los espacios para pacientes de dicha enfermedad, en los cuales se busca asistirles de manera no médica: páginas de apoyo, grupos de afectadas, etc. En estos espacios se tira de dicha corriente bastante, de forma a veces, según la autora, irracional ("búscale el lado positivo al cáncer") y malvada (comercialización de productos relacionados con la enfermedad, como ositos con pañuelo en la cabeza). A ella no terminó de convencerle el discurso de que la enfermedad es un don que uno ha de saber aprovechar, viéndole el lado positivo: ya sea aprender a apreciar la vida, su belleza, etc. Comenta también que en muchos sitios se habla de que el paciente con actitud positiva puede vencer el cáncer, y comenta el problemón que esto puede conllevar: culparse por no haber tenido suficiente positividad, atribuirse los males de la enfermedad a uno mismo. Un peligro de las atribuciones internas, buenas para el estado de ánimo y el autoestima cuando se aplican a éxitos, pero perjudiciales en los fracasos. En otros temas sería de discutir, pero en el cáncer no hay pruebas de que la actitud positiva ayude a curarlo (no me meto en la salud psicológica de la persona).
Ahora en mi opinión, la autora se explaya demasiado. Hay cosas que me parecen relleno, como enumerar productos a la venta por una empresa con todo lujo de detalles. Pero a esas alturas del libro no sabes que una vez pasado ese capítulo, el resto del libro va a ser genialmente interesante. Al fin y al cabo, Barbara quería explicarnos cómo es que le dio por investigar en todo ese mundillo difícil de abarcar (cosa que ella hace con el término "pensamiento positivo"). Cito un párrafo genial:

El cáncer de mama, ahora puedo decirlo con conocimiento de causa, no me hizo más bella ni más fuerte ni más femenina, ni siquiera una persona más espiritual. Lo que me dio, si es que a esto lo queremos llamar "don", fue la oportunidad de encontrarme cara a cara con una fuerza ideológica y cultural de la que hasta entonces no había sido consciente; una fuerza que nos anima a negar la realidad, a someternos con alegría a los infortunios y a culparnos solo a nosotros mismos por lo que nos trae el destino.


En el siguiente capítulo, Barbara nos cuenta como empezó a investigar en esa fuerza llamada pensamiento positivo más allá del cáncer (sí, superó su enfermedad). Descubrió que se planteaba como una solución a cualquier problema/propósito. La mujer campa por muchos libros, autores, páginas web e incluso congresos que venden el medio de conseguir dinero, amor, éxito, etc. Empieza a descubrir que es un mundillo lleno de cierta irracionalidad en mayor y menor medida. Encuentra algunos personajes relacionando el pensamiento positivo con ciertas magias místicas intergalácticas (dramatización), no exactamente pero más o menos. Nos recomiendan no solo evitar toda negatividad (noticias de la tele por ejemplo), sino también alejar a las personas negativas de nuestra vida. La autora expone que este pensamiento inhibe a la gente para protestar o pretender llevar a cabo cambios sociales, buscando siempre lo positivo de la realidad y evitando lo negativo. Como veremos más adelante, la causalidad se centra en la persona, en sus factores internos.
Hay algunos conferenciantes que apelan a leyes científicas (principalmente físicas) muy consolidadas en la profesión, como la importancia del campo magnético de nuestro cerebro, o la física cuántica extrapolándola de una manera locamente interesada hacia la idea de que las personas comos un conjunto de ondas o vibraciones y no sé qué más mierda que no he llegado a entender, pero que viene a pretender imponer la mente sobre la materia. Y es que en ese orden jerárquico, los amigos han enunciado la Ley de Atracción para plantear que con el pensamiento podemos conseguir lo que queramos, sustentándola en las leyes físicas que acabo de escribir. ¿Hace falta mencionar la carencia de base científica de todo esto? Además, muy bien nos plantea la autora lo ilógico de enfrentarse entre dos personas con fines opuestos mediante la ley de atracción, o lo injusto que sería que algunos hubiesen tenido acceso a este material (libros, pelis, conferencias, etc.) y fuesen privilegiados.

El tercer capítulo nos plantea el marco histórico. No me enrollo mucho, ya que lo considero menos interesante. Aso sí, quien consiga el libro que no se lo salte. Un resumen rápido sería que los que emigraron a América desde el viejo mundo practicaban el calvinismo, una parte de la religión católica cristiana que plantea la vida sin diversión ni disfrute ni na de na, con un dios serio y hostil que no permitía desviación alguna de la vida dirigida a eso, a vivir, trabajar, etc. Encadenados a la materia. En ese marco muchas mujeres se "amargaban", sobretodo porque estaban más ociosas gracias a que las industrias hacían cosas de las que antes se encargaban ellas. Varias personas vieron que éstas necesitaban positividad, un dios que quisiera bien para ellas y que permitía que la mente estuviera sobre la enfermedad, sobre al materia. Este Nuevo Pensamiento se basaba más o menos en esos principios, pero compartía aun con el calvinismo una caractarística: la necesidad de auto-inspeccionarse para comprobar que todo iba como debía ir, y de castigarse, ya sea si uno era negativo o si se alejaba de la vida que el dios calvinista quería. Y ya paro, que demasiado me he enrollado.

A continuación nos metemos en el mundo empresarial. Hay empresas y personas que se dedican al mundo del pensamiento positivo y la motivación que ganan muchas pelas. Libros, charlas, seminarios, etc. Y en todas las organizaciones empresariales se ha ido metiendo este mundillo: se regalan libros (como ¿Quién se ha llevado mi queso? y se invita a seminarios a los empleados para que consigan una aptitud positiva, se despide a los gruñones y negativos, etc. La autora argumenta que las empresas buscan gente que no proteste, ni siquiera ante la peor situación, que trague con lo que le venga, aunque vean que a su alrededor un tercio de sus compañeros han sido despedidos. Y es que precisamente la entrada del pensamiento positivo coincidió con una época en la que las empresas llevaron a cabo numerosas reestructuraciones de personal. Por otro lado, la autora nos plantea que los directivos abandonaron un estilo de dirección basado en decisiones tomadas concienzudamente en pos de la intuición. Se dejó de ver importante el compromiso con los trabajadores, clientes y la sociedad en general, quedando como único fin el satisfacer a los accionistas.

Y la religión también tiene cabida en el antiguamente llamado Nuevo Pensamiento. Numerosos predicadores se han hecho de oro difundiendo el pensamiento positivo. Curiosamente, aun yendo de la mano con la religión, ya el mensaje no va con los pecados, el infierno, la salvación, etc. La autora plantea que estos predicadores/empresarios se dieron cuenta de la gran cantidad de religiosos no practicantes que podían atraer. Pero con castigos divinos y demás mensajes lúgubres no lo podían conseguir. Surgieron varios cultos o megaiglesias, que curiosamente se localizaban en edificios de aspecto no tradicionalmente religioso, que podrían camuflarse en cualquier ciudad. La teología positiva promete dinero, amor y éxito a corto plazo, nada de esperar a la otra vida. Dios está dispuesto a darnos todo eso si tenemos la actitud adecuada. Los predicadores se presentan como el vivo ejemplo de ello: ganan un pastón en derechos de sus libros y tienen muchísimos seguidores, y todo gracias a que tomaron la actitud positiva necesaria. Sus actuaciones son un show al más puro estilo americano con luces, música rock, cánticos y ovaciones... El parecido con una empresa no es casualidad, dado la presencia de equipos de gestión y consejeros (muchos con estudios en ciencias sociales relacionadas con el mundo empresarial) y técnicas de marketing.

Y por fin llegamos a lo que más me concierne: la psicología positiva. Ésta nació de la mano de Martin Seligman, antiguo presidente de la American Psychological Association. Teniendo un papel importante en la psicología del país, promovió el estudio académico del pensamiento positivo (ironías de la vida, una décadas antes se lo tomaban a pitorreo). Eso sí, distanciándose de las corrientes populares de éste: rechazan la ley de atracción y no prometen hacer rico al lector. Se metieron en el mundo de la motivación y de los coaches. El estandarte que llevan es abandonar la negatividad que a caracterizado la psicología pasado, centrada en problemas y trastornos, para darle importancia a la felicidad, el bienestar, etc.
Aquí la autora plantea que este movimiento sirvió de salvación a la psicología como profesión peligrada por los avances en farmacología... Sí, estoy en desacuerdo con ella. Una terapia psicológica correlaciona con un buen pronóstico en casi cualquier problema mental, al igual que la medicación, pero ésta no en cualquier problema. Además, la farmacología no es tan exacta como la autora cree. Para empezar, cada paciente es un mundo y requiere una medicación ajustada. Para seguir, algunos en algunos trastornos se tiene más certeza sobre los medicamentos a usar, pero en otros no. Y de hecho hay profesionales cuyo tratamiento se basa en un ensayo-error con diferentes medicamentos y diferentes dosis, con sus respectivos efectos secundarios a paliar (con más medicamentos, claro).

Siguiendo con la psicología positiva, la autora le ve varios agujeros y cree que han podido demostrar poco. Una de las cosas que le chocan es la presentación de una fórmula para predecir la felicidad, basada en una suma de la situación de partida, de las circunstancias de la vida y de los factores voluntarios. Como fórmula científica hay muchas pegas que se le pueden poner, como la imposibilidad de medir los factores, la falta de precisión en la importancia de cada uno (los autores argumentan que las circunstancias de la vida tienen poca importancia), etc. Por otro lado, duda de los estudios que relacionan optimismo con salud dado su ambigüedad. Además argumenta (con toda la razón del mundo) que mediáticamente no se difunden los estudios que no han conseguido resultados; yo mismo confirmo que es así, que en las revistas solo se publican estudios en los que las cosas salen bien. Decir además que detrás de estos estudios están las donaciones de empresas y fundaciones, al igual que detrás de los estudios médicos están las malvadas farmacéuticas.

Dejar claro que la psicología estudia los efectos de los procesos psíquicos en el sistema inmunológico en la rama interdisciplinar de la psiconeuroinmunología. Pero es algo a parte de la psicología positiva. Por ejemplo, el estrés prolongado afectan al sistema inmune provocando un agotamiento, reduciendo el número de células inmunitarias.

Siguiendo con el siguiente capítulo, nos encontramos con que la autora relaciona la crisis económica sufrida hace unos años con el pensamiento positivo. En las empresas toda señal de negatividad debía de ser borrada. Las críticas, al igual que el cuestionar las decisiones, no tienen lugar. Con actitud positiva solo hay lugar al progreso. Aunque, paradójicamente, el número de despidos y la diferencia de ingresos entre los trabajadores de bajo nivel y los directivos era más grande que nunca en las últimas décadas. Pero la gente tenía en mente que si querían algo, lo conseguían, era cosa solo de desearlo. Así que, ¿por qué no pedir préstamos al banco? Mientras, como ya muchos sabréis, los precios iban subiendo y subiendo, y casi todo el mundo creía que seguirían subiendo indefinidamente, el colapso económico no estaba en el horizonte de nadie. Pero la crisis no solo se explica por el optimismo de la gente de a pie. Sumidos en este optimismo irracional, muchos organismos relacionados con el mundo de las finanzas ofrecían préstamos con más facilidad que nunca. Hasta el más pobre podía acceder al banco sin demasiado aval. A generar deuda se ha dicho. Además, de las pocas voces concienzudas y discordantes eran desatendidos e incluso despedidos por negativos. En aquella época de euforia los peces gordos no querían que ningún cascarrabias les aguase la fiesta. Lo que pasó entonces ya todos debéis de saberlo.

Y el libro acaba con un último capítulo titulado "Hacia el pensamiento postpositivo" en el que la autora plantea de manera acertada su posición filosófica ante el pensamiento positivo. Ella no aboga por el pesimismo, nada más lejos de la realidad. De hecho, ella ve tan inadecuado el pensamiento positivo como el negativo en cuanto que ambos pueden llevar al autoengaño y a no separar la emoción de la percepción. Aunque es algo que también puede pasar en un proceso grupal, ya que somos seres sociales y eso. Es probado que en ciertos temas (como la economía o en campañas militares) es de obligada vigencia el realismo. También plantea que en situaciones es adaptativo el "pesimismo defensivo", como sería que el piloto de un avión cuando nota algo raro se plantease una posible avería o algo negativo que si no se trata en tiempo... O que un padre se preocupase por la peligrosidad del entorno en el que se mueve su bebé. Y qué decir del pensamiento crítico o escéptico. A pesar de que nuestra raza vive en una situación más segura que la que le tocó hace unos siglos, no estamos libres de temas de los que preocuparnos. Además, la tía lanza una pulla (barata a mi gusto) comparando el pensamiento positivo con la ideología de los soviéticos, el estalinismo y otras cosas comunistas.


Y así acaba el libro. ¿Conclusiones sobre el optimismo? No creo que se pueda reducir la idea del libro a optimismo NO. Tampoco creo que diga que el optimismo lleva a los problemas que advierte, aunque en alguna frase se puede ver implícito... El libro siempre plantea el asunto desde la corriente del pensamiento positivo, como corriente. Aunque todos vemos que ésta nos lleva a ver algunos de los posibles problemas del optimismo desmedido e irracional, lo cual creo que es un buen asunto que plantearse hasta para el más optimista. Posibles moralejas: realismo siempre, atribuciones realistas (no todo es debido q nuestra actitud, pero tampoco todo es culpar y criticar), etc. Os lo dejo a vosotros.

Menuda chapa me ha salido...

Y ningún alma bramó ese día...