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14 nov. 2011

Siddhartha

Por mas fácil que le resultara hablar y vivir con todos, e incluso aprender de ellos, sentía que algo le separaba del resto del mundo, y este algo era su antigua condición de samana. Veía que los seres humanos se entregaban a la vida con un apego infantil o animal que él amaba y despreciaba al mismo tiempo. Los veía esforzarse, padecer y encanecer por lograr cosas que, según él, no merecían aquel precio: dinero, pequeños placeres y escasos honores; los veía reñir e insultarse unos a otros, quejarse de dolores que hubieran echo reír a un samana, y sufrir por privaciones que un samana ni siquiera notaría.


Siddhartha era un ser accesible a todo y todos: el mercader que le ofrecía paños en venta, el endeudado que buscaba un préstamo, el mendigo que le entretenía una hora con la historia de su pobreza y no era ni la mitad de pobre que un samana, todos, todos eran cálidamente acogidos por el...