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6 oct. 2011

Reaction Guys, Level: Epic


Posiblemente, el culmen de esto.

50 juegos indie con los que procrastinar de lo lindo (II)

La aleatoriedad, inexistente dueña de la realidad, quiso que la primera entrega de esta serie de artículos mata-productividad recayera en el jueves de la semana pasada, así que -y sin ninguna razón de peso aparte de un obligado "por que me da la gana"- declaro a 50 juegos indie con los que procrastinar de lo lindo como dueño indiscutible de los jueves próximos hasta que termine con la media centena o, en su defecto, me canse de traeros los jueguecillos en cuestión. Lo que ocurra primero (yo que vosotros no tendría muchas esperanzas en mis ganas de trabajar).

En la selección de hoy tenemos pelotas saltarinas, masacres, muñecos aventureros y peleas contra jefes finales a tutiplén. A diferencia de la anterior tanda, en esta ocasión todos los juegos son descargables, lo que significa que podéis darle al download sin preocupaciones y más tarde poneros a jugarlo sin necesidad de estar conectados al maravilloso mundo internetil. ¿Qué?, ¿Qué no podéis vivir sin vuestra banda ancha funcionando 24/7 y bajando dibujos chinos gratix? De acuerdo, yo solo daba opciones...

# Banana Nababa #


¿Alguna vez has deseado saltarte alguna monótona fase de recolectar, librarte de ese aburrido pasillo infinito en el que te duelen los dedos de darle hacia delante, o deshacerte de aquella plaga de pequeños pero demasiado numerosos enemigos que no te dejan avanzar? Ahora, y en exclusiva para tu ordenador (así dicho queda más guay), puedes. En Banana Nababa (pido ovación para la cabeza pensante que ideo el titulo) ni tienes que avanzar, ni ir pa'tras, ni nada de nada, por no haber no hay ni historia. ¿Confundido? No lo estés, dado que estamos ante un juego que se basa exclusivamente en peleas contra jefes finales, uno tras otro, como si de la recta final de un JRPG estuviésemos hablando. Como comprenderéis, entonces, poco os puedo contar yo que no se descubra jugando a este peculiar juego. Eso si, os puedo poner sobre aviso acerca de sus endemoniada dificultad, que empieza tocando levemente las narices y termina desquiciando al más taimado. Estáis sobre aviso.