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18 ago. 2011

Reseñas Fugaces: Literatura (1)

Una de las cosas que me gusta de la literatura (y seguro que ya lo habéis escuchado alguna vez por ahí, pero es tan cierto que merece la pena repetirlo) es ese pequeño pero satisfactorio esfuerzo mental que el lector -a veces incluso de forma inconsciente- se ve obligado a llevar a cabo, esa pizca de imaginación que nos hace recrear todo lo que leemos en nuestra mente e intentar darle forma a toda aquella ordenada maraña de letras. Muchas veces, este simple ejercicio me ayuda a diferenciar un libro bien escrito de uno que no termina de cuajar, que no trasmite con soltura lo que viene a contar. No digo que esto sea una vara universal de medida a la hora de juzgar la calidad literaria de tal y cual (aunque para mi, en cierta media, si lo es), pero ayuda mucho a la hora de determinar el grado de inmersión que el propio autor ha tenido en su relato, y de cara al público.

Me reitero, esta entrada no pretende ser un manual de como leer aquello que caiga en vuestras manos, puesto que se trata de echar un rápido vistazo sobre las ultimas paginas que he ido disfrutando en estos últimos meses. 2011 ha sido un año fructífero para mi en cuento a literatura, he leído muchas cosas distintas e incluso he podido mejorar mi capacidad lectora gracias a algunas "retos" como el último de esta lista:

(No me gusta poner notas a libros, es una costumbre que tengo desde hace bastante tiempo y por lo pronto continuará así. Si queréis una explicación y, siendo sinceros, debería decir que me cuesta mucho más hacerlo que con el cine o los videojuegos, por ejemplo.)

· El Robot Humano ·
(Isacc Asimov & Robert Silverberg)

¿Qué tiene que hacer un robot para demostrar su humanidad? Cuando salió de la cadena de montaje, el NDR 113 no era más que un cerebro empotrado en una estructura humanoide de metal y plástico. Sin embargo, el NDR 113 -o Andrew Martin, como llegó a ser conocido- no era un robot corriente. Aunque fue diseñado como asistente doméstico, muy pronto sus propietarios se percataron de sus extraordinarias cualidades. Su diferencia despertó pasiones encontradas entre los hombres: admiración, temor y fascinación. Andrew Martin fue un artista excepcional y a lo largo de su trayectoria adquirió celebridad como escultor, escritor y científico. Conquistó la libertad, se cambió de cuerpo y amasó una fortuna. Tuvo algunos amigos y muchos enemigos. Sólo una cosa le estuvo vedada: la condición de ser humano. Para alcanzar esa anhelada meta libró una prolongada y difícil batalla que finalmente se saldó con una paradoja suprema.

Opinión. Desde siempre he sido fan acérrimo de las novelas sobre robots del genio Asimov, me encanta todo el trasfondo humano y social que incluye en cada una. La susodicha forma parte de una colección de relatos cortos del mismo, que años más tarde fue recuperada y aumentada por un tal Robert Silverberg. Yo había leído la versión original hace ya un par de años (creo que el libro todavía debe rondar por mi casa) y de primeras no pensé que la novela seleccionada necesitara ningún tipo de revisión o similares. Pero tras leer el libro -aceptablemente corto, se lee en un suspiro- debo admitir que el amigo Silver ha conseguido engrandecer aún más una obra que ya de por si representaba estupendamente ese paradigma entre lo que debe o no ser considerado humano. Antes de que paséis pagina por no estar enterándoos de nada, os diré que la película El Hombre Bicentenario se basa en este relato. ¡Por las tres leyes de la robótica, leedlo!

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