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19 mar. 2011

No te pierdas en el cielo (I) & (II)

Allí está, frente a él. Ese hijo de puta le había visto venir y ni siquiera había mostrado preocupación. Se le ocurrió que podía estar acompañado, pero no, era imposible, llevaba más de media hora siguiéndole y se había cerciorado de que el objetivo estaba solo. Quizás las palabras del vidente eran ciertas, quizás ese hombre quería morir sin oponer resistencia. Sin embargo, él llevaba demasiado tiempo en esta profesión como para tomarse a las cosas a la ligera, dejarse llevar por las apariencias podía acabar con su cadáver expuesto a las puertas del Museo de los Insurrectos.

- Mierda. –exclamó.

Aun no conseguía acostumbrarse a ese terreno esponjoso, traicionero. Aquel vapor blanquecino le llegaba hasta las rodillas, por lo que era prácticamente imposible ver donde pisaba. Había estado a punto de precipitarse al vacío hasta en dos ocasiones, pero su experiencia y un poco de paciencia le habían salvado. Llevaba demasiado tiempo con la mente en blanco, aunque sería más justo decir que había estado pensando exclusivamente en ese tipo durante demasiado tiempo. Pensó, esta vez, en retrospectiva. Ni siquiera sabía muy bien como había llegado a esa situación, las últimas 48 horas estaban casi tan borrosas en su mente como los 2 primeros años de la vida de cualquier persona.

Pero todo se disolvió rápidamente, su cuerpo volvió a recuperar la tensión y él no pudo evitar levanta el arma. Apuntaba directamente al entrecejo del objetivo, y a pesar de los sudores fríos y esa indescriptible sensación de agobio, su pulso no temblaba lo más mínimo. El individuo sólo había levantado los brazos, como si quisiera darle un abrazo, mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa vacía, impersonal. ‘Estúpida’ añadió él para sus adentros.

Un paso, dos pasos. Sus neuronas tardaron apenas algunos milisegundos en establecer la distancia prudencial. Si daba cinco pasos, estaba herido; si daba seis estaba muerto. Tres, cuatro. El cuerpo del objetivo se balanceaba levemente de izquierda a derecha, obligándole a seguir con la mira aquella cabeza. Había intentando no fijarse demasiado en los detalles que portaba el objetivo, nada más allá de lo estrictamente necesario, pero llegados a ese punto ya era imposible no fijarse en aquel moretón que presentaba costado derecho de su cara. Y aquella sonrisa, aquella sonrisa macabra que parecía reírse de la parca. El quinto paso tardaba más de lo esperado, pero eso no conseguía impacientarle lo más mínimo. Esto no era un trabajo de media hora, ni de dos días, llevaba más de tres semanas siguiendo la pista a ese desgraciado, y un par de segundos no lo echarían todo a perder. Por fin. Un fugaz movimiento y el hombro derecho de la víctima retrocedió, lacerado por la bala. Un haz azulado, como un hilo que unía el cañón del arma con su objetivo, permaneció en el aire durante cinco segundos, para terminar evaporándose en el aire. El sujeto reaccionó justo como él lo esperaba y eso, de alguna forma, le reconfortó. Como desesperado por su inminente final, aquel pobre diablo intentó acercarse aún más a él. Adiós.



Observó como la sangre destacaba en ese paramo albo, permitiéndole ver los hilos carmesí recorrer las múltiples “grietas” que formaban esa insólita superficie. Lo sabía. Todo era como siempre, todo era igual que antes. Esos malditos Murmuradores aseguraban que era hombre muerto, que su anterior objetivo había sido la mayor equivocación de su vida. Pero los que se equivocaban eran ellos, todo seguía como antes, todo seguía como siempre. Había completado su siguiente trabajo sin interferencias ni problemas, y ya solo quedaban otros tres y todo habría terminado. Todo era como antes, maldita sea, no había de que preocuparse. Lo había notado, sus ‘compañeros’ estaban cada vez más lejos, muchos ya ni se acercaban en las reuniones. Le daban por fiambre, y él sabía muy bien quienes pensaban así. Pero no le importaba una mierda, él seguiría su trabajo como siempre lo había hecho.

Dejo de pensar. Saco un cigarrillo del bolsillo, le quito un par de motas de polvo y se colocó en la comisura de los labios. ¿Dónde tenía el “bicho”? Si, estaba en el bolsillo interior de la jarkag. Tenía una mente prodigiosa, aún con los vacíos de las últimas horas podía seguir albergando detalles tan nimios como ese. Frotó el arrugado abdomen del “bicho” pero este no se encendió. Lo intento un par de veces más pero lo único que consiguió fue un leve chisporreo. Cierto, estaba a demasiada altura, con tan poco oxigeno era difícil encender un fuego. Hizo un amago de levantar el brazo, y fue en ese momento cuando se percató realmente de lo agotado que estaba, ni siquiera podía quitarse el jodido pitillo de la boca. Lo escupió junto a un poco de saliva. Tras terminar algún trabajo se solía sentir bien, pero en esta ocasión todo era poco más que una mierda. En fin, ya valía de lamentarse, el tema ahora era ingeniárselas para bajar de aquel humeante y asqueroso lugar. ¿Quizás con el aerodeslizador? No, tardaría demasiado tiempo en guiarlo hasta aquí, además…

- ¡Joder!

Cayo de bruces y, por primera vez, agradeció lo mullido que era ese terreno. Tenía todo los músculos del cuerpo agarrotados hasta tal punto que parecían dispuestos a estallar en mil pedazos al unísono. Una buena pirotecnia el día de su entierro no hubiera estado mal, pero no precisamente esta. Un puto e-Nej, eso había sido. La electricidad de esos cacharros de última generación no tiene los defectos del e-Ycz, que no consigue trasmitirse por todo el cuerpo a tal velocidad. Sus captores eran bastante estúpidos, las múltiples patadas que le propinaban solo conseguirían atenuar la duración de la inmovilización. Ni siquiera podía cerrar los parpados, lo único que podía hacer era observar aquel suelo infinito que en esos momentos tenia bastantes posibilidades en convertirse en su improvisada tumba. Maldita sea, todo había cambiado, nada era ya como antes. Y como un haz de luz, todo vino seguido: la idea, lo más importante; la movilidad de sus dedos, la esperanza; y su capacidad de elegir el maldito momento exacto o fenecer allí como uno más. Su grito desgarrador y las sacudidas pararon en seco la paliza de aquellos hombres, y mientras, su brazo hondeaba aún más ese terreno. De nuevo, otro cúmulo de sucesos: lo primero, y de nuevo lo más importante, la fisura creada en la base de aquella vaporosa superficie; una orden lejana, probablemente del jefe y probablemente de ejecución inmediata; y como culmen, la caída. El suelo se desmorono, desapareciendo como si de una burbuja se tratara, y él y todo cuando le rodeaba se precipitó al vacío. Si, iba a morir, pero esos cabrones se los llevaría al averno. Iba a ser egoísta por primera y última vez en su vida.

.  .  .

EDIT: Okay, okay, explanation: Esto de aquí arriba no es más que un fragmento de una historia que llevo creando desde hace algunos días. Lo más probable es que salgan nuevas "partes" en un futuro no muy lejano. Otra cosa, si queréis leer las actualizaciones antes que nadie: id a mi devianArt.

4 bramidos

JFDP13 bramó... 21/3/11 15:15

Malditox4

Dejando eso a un lado... ¿Te animas a una mini-explicación?

Galbix bramó... 21/3/11 15:46

Si me explicas lo de "Malditox4", si.

JFDP13 bramó... 21/3/11 21:23

Malditos Murmumans
Maldita sea
Maldita sea
Maldito momento

Galbix bramó... 21/3/11 22:16

Pero eso son Malditax2 y Malditox2 :D

P.D: Cuando pueda edito con un poco de info.