[Random]

6 mar. 2011

Creemos en lo que queremos creer y no en lo que es más evidente

A pesar del título, no voy a hablaros de religiones ni de metafísicas. Sencillamente voy a hablaros de las creencias que albergáis sobre las cosas más cotidianas, las creencias que apuntalan vuestros argumentos en apariencia más racionales.

Porque todos nosotros tendemos a ver lo que queremos ver y a oír lo que queremos oír. Es lo que en psicología se llama “razonamiento motivado”: somos menos minuciosos examinando evidencias que concuerdan con nuestras creencias. Si alguien cree en el creacionismo y descubre un argumento en contra de la evolución, lo aceptará con más facilidad. A la inversa sucede si el sujeto cree en la evolución.

Esto ocurre en aspectos cotidianos como, por ejemplo, la ley antitabaco recientemente promulgada. Los que fuman, examinan con más detenimiento las ideas cuando favorecen su hábito. Los no fumadores hacen lo propio con las ideas que ponen en entredicho el hábito de fumar. Y a la hora de ponerse todo el mundo de acuerdo, como es de esperar, sólo surge una cacofonía de opiniones en la que nadie escucha detenidamente a nadie.

Ziva Kunda llevó a cabo un estudio en el que solicitó a los sujetos (la mitad hombres, la mitad mujeres) que leyeran un artículo donde se afirmaba que la cafeína implicaba riesgos para las mujeres.

El resultado fue el esperado: las mujeres que consumían regularmente mucha cafeína tenían mayor probabilidad de cuestionar aquel artículo que las mujeres que consumían poca cafeína. Y los hombres, como el tema no les afectaba directamente, no dieron muestras de este “razonamiento motivado”.

Para los fumadores que defiende encarnizadamente su derecho a fumar en lugares públicos (es decir, para las personas que tienen tendencia al razonamiento motivado en este particular) está dirigido este apunte del psicólogo Gary Marcus, pues en el tema del tabaco se produjo uno de los primeros trabajos de campo sobre el razonamiento motivado, en 1964, poco después de publicarse el primer informe de la Dirección General de Salud Pública sobre el tabaco y el cáncer de pulmón:

La conclusión a la que llegó la Dirección General de Salud Pública (al parecer, el tabaco provoca cáncer de pulmón) hoy en día no sería ninguna novedad, pero en su momento tuvo una trascendencia y repercusión enormes en los medios de comunicación. Dos científicos emprendedores salieron a la calle y entrevistaron a cierto número de personas, a quienes les pedían que evaluaran la conclusión de la Dirección General de Salud Pública. Como no podía ser de otro modo, los fumadores se mostraron menos convencidos ante el informe que los no fumadores, quienes aceptaron en gran medida la declaración de la Dirección General de Salud Pública.

Los argumentos que esgrimieron los fumadores, por otra parte los argumentos que suelen esgrimir casi todas las personas cuando tratan de defender desesperadamente una convicción, os los presentaré en la siguiente entrega de este artículo.

---

Como os prometía en la anterior entrega de este artículo, voy a enumeraros los argumentos más empleados por los fumadores frente a los estudios que sugerían que fumar producía cáncer de pulmón.

Argumentos muy poco sólidos desde el punto de vista de la lógica que os sonarán muchísimo, y no sólo del ámbito del tabaco:

-Muchos fumadores tienen una larga vida: frente a este tipo de argumento suelo contestar siempre lo mismo: claro, y mi prima es calva. La gente suele decir “conozco muchos casos” basándose exclusivamente en su entorno (por ejemplo, ahora está de moda decir que la juventud es más violenta y ha perdido los valores, aunque el que afirma tal cosa sólo se base en que se ha cruzado con unas cuántas docenas de jóvenes conflictivos). Peor es el caso cuando, como en el tema del tabaco, esa afirmación contradice las estadísticas.

-Hay muchas cosas que son peligrosas: claro, siempre hay cosas peores, cosas más importantes de las que hablar, etc. Pero, por un lado, es una forma de desviar la atención del tema tratado. Y, por el otro, ¿realmente el individuo que afirma tal cosa se ha tomado la molestia de cuantificar las cosas que son más peligrosas y cuán peligrosas son en comparación con fumar? La afirmación suele usarse en abstracto: yo no soy tan malo asesinando a diez personas, total, Hitler mató a miles.

-Fumar es mejor que comer o beber en exceso: de nuevo una extensión del anterior argumento. Siempre podemos encontrar algo más nocivo: una persona que coma y beba mucho, entonces, podría decir: peor es esnifar cocaína. Un violador podría decir: peor es asesinar o ser pederasta. Etcétera.

-Es preferible fumar que ser un manojo de nervios: aquí no sólo se busca algo peor para desviar la atención sino que, en su momento, no existía prueba alguna de esa causa-efecto.

Incluso las personas más preparadas intelectualmente, los universitarios, las personas más cultivadas, los estudiosos de las falacias lógicas, los filósofos y, en general, todas las personas que nos rodean no están equipadas para razonar de manera equilibrada y tropiezan en esta debilidad. Hasta el punto de que las personas parecen completamente ciegas a las evidencias.

En un famoso experimento se solicitó a los estudiantes de la Universidad de Stanford que evaluasen una serie de estudios sobre la efectividad de la pena capital. Algunos de los alumnos ya tenían una opinión formada a favor de la pena capital, y otros en contra. Los estudiantes enseguida encontraron lagunas en los estudios que ponían en tela de juicio lo que ellos opinaban, pero a menudo pasaron por alto problemas igual de graves en estudios que llegaban a conclusiones consecuentes con sus opiniones sobre la pena capital.

Además de las consecuencias obvias de estos defectos de fábrica de nuestro cerebro (que la educación reglada apenas combate), como la creencia en pseudociencias absurdas o religiones naïf, esta clase de autoengaño alimentado por el razonamiento motivado tiene graves consecuencias sociales que afectan a la convivencia:

-Fricción social (cuando rechazamos bruscamente el punto de vista del prójimo).

-Autodestrucción (por ejemplo, cuando los fumadores restan importancia al hábito de fumar o los enfermos se ponen en manos de homeópatas).

-Y tampoco la ciencia se salva: o los científicos, más concretamente, cuando se niegan a reconocer datos que cuestionan sus teorías. Por ello el método científico debe ser tan exigente y el escepticismo debe ser un arma afilada: porque la ciencia es el mejor método para alcanzar certidumbre sobre las cosas, pero los científicos son la forma más rápida de alcanzar las pifias más sonadas.

O dicho de otro modo: en ocasiones, hasta la gente más inteligente puede ser tonta de remate.

[Artículo extraído de Xataka Ciencia]

4 bramidos

JFDP13 bramó... 6/3/11 17:46

Artículo dedicado a Glbx <3

Galbix bramó... 6/3/11 17:56

Tranqui, ya lo había leído en Genciencia (o como se llama ahora, Xataka Ciencia)

JFDP13 bramó... 7/3/11 0:36

¿Porqué habrán cambiado el nombre?
Genciencia me parece más ergonómico y hermoso.

|X| bramó... 7/3/11 22:44

Se me olvidó comentar: El sistema nervioso tiende a pasar muchas funciones al "inconsciente", a ponerlas en sistema automático. Ahorro de energía (anda que no consume nuestro encéfalo glucosa), menos parte de la corteza encargándose, y un etc de porqué's no exactos, ya que son las cosas que me vienen a la cabeza ahora. Para que poner en duda lo que desde siempre ha funcionado (algo así decía un anuncio que odié mucho). El royo de las tradiciones y algunas normas sociales: algo que en su día funcionaba se perpetuo en el tiempo por esto mismo aún olvidando la primera parte, que su origen fue por su utilidad. El problema? Que eso puede dejar de ser útil, que ya no se necesite, etc. Por ejemplo, la mortalidad infantil hoy en día es baja en los países desarrollados y seguimos bautizando a los niños cuando acaban de nacer.