[Random]

14 mar. 2011

Artículos de la Blogsfera: Hoy [La cena del miedo]

Quizás algunos recordéis cierto libro se suele mandar en 4º de la ESO, concretamente en esa curiosa asignatura llamada 'Etica'. Estoy hablando de "Ética para Amador" un ensayo escrito por Fernando Savater para su hijo, el susodicho Amador. Pues bien, de esa publicación hacen ya 20 años, y como es evidente el pequeño Amador ni es pequeño ni necesita más lecciones de Ética.

Si, lo sé, os estáis preguntando ¿Adonde quiere llegar con esto?. Simple, nuestro amigo Amador tiene ahora un blog donde suele hablar sobre temas de actualidad, expresando su opinion junto a otros autores de forma sumamente interesante (al menos los que he podido ojear por ahora). Uno de los articulos me ha llamado la atención sobremanera, por lo que he decidido transcribirlo aquí para que vosotros mismos juzguéis:


[Amador Fernández-Savater, coeditor de Acuarela Libros, fue invitado (por azar, por error o por alguna razón desconocida) a una reunión con la ministra de Cultura y otras figuras relevantes de la industria cultural española para hablar sobre la Ley Sinde, el tema de las descargas, etc. En este texto cuenta lo que vivió, lo que escuchó y lo que ha pensado desde entonces. Su conclusión es simple: es el miedo quien gobierna, el miedo conservador a la crisis de los modelos dominantes, el miedo reactivo a la gente (sobre todo a la gente joven), el miedo a la rebelión de los públicos, a la Red y al futuro desconocido.]

La semana pasada recibí una llamada del Ministerio de Cultura. Se me invitaba a una reunión-cena el viernes 7 con la ministra y otras personas del mundo de la cultura. Al parecer, la reunión era una más en una serie de contactos que el Ministerio está buscando ahora para pulsar la opinión en el sector sobre el tema de las descargas, la tristemente célebre Ley Sinde, etc.
 Acepté, pensando que igual después de la bofetada que se había llevado la ley en el Congreso (y la calle y la Red) se estaban abriendo preguntas, replanteándose cosas. Y que tal vez yo podía aportar algo ahí como pequeño editor que publica habitualmente con licencias Creative Commons y como alguien implicado desde hace años en los movimientos copyleft/cultura libre.
El mismo día de la reunión-cena conocí el nombre del resto de invitados: Álex de la Iglesia, Soledad Giménez, Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo, Alberto García Álix, Ouka Leele, Luis Gordillo, Juan Diego Botto, Manuel Gutiérrez Aragón, Gonzalo Suárez (relacionado con el ámbito de los vídeo-juegos), Cristina García Rodero y al menos dos personas más cuyos nombres no recuerdo ahora (perdón). ¡Vaya sorpresa! De pronto me sentí descolocado, como fuera de lugar. En primer lugar, porque yo no ocupo en el mundo de la edición un lugar ni siquiera remotamente comparable al de Álex de la Iglesia en el ámbito del cine o Muñoz Molina en el de la literatura. Y luego, porque tuve la intuición de que los invitados compartían más o menos una misma visión sobre el problema que nos reunía. En concreto,imaginaba (correctamente) que sería el único que no veía con buenos ojos la Ley Sinde y que no se sintió muy triste cuando fue rechazada en el Congreso (más bien lo contrario). De pronto me asaltaron las preguntas: ¿qué pintaba yo ahí? ¿En calidad de qué se me invitaba, qué se esperaba de mi? ¿Se conocía mi vinculación a los movimientos copyleft/cultura libre? ¿Qué podíamos discutir razonablemente tantas personas en medio de una cena? ¿Cuál era el objetivo de todo esto?
Con todas esas preguntas bailando en mi cabeza, acudí a la reunión. Y ahora he decidido contar mis impresiones. Por un lado, porque me gustaría compartir la preocupación que me generó lo que escuché aquella noche. Me preocupa que quien tiene que legislar sobre la Red la conozca tan mal. Me preocupa que sea el miedo quien está tratando de organizar nuestra percepción de la realidad y quien está tomando las decisiones gubernamentales. Me preocupa esa combinación de ignorancia y miedo, porque de ahí sólo puede resultar una cosa: el recurso a la fuerza, la represión y el castigo. No son los ingredientes básicos de la sociedad en la que yo quiero vivir.
Por otro lado, querría tratar de explicar lo que pienso algo mejor que el viernes. Porque confieso desde ahora que no hice un papel demasiado brillante que digamos. Lo que escuchaba me sublevó hasta tal punto que de pronto me descubrí discutiendo de mala manera con quince personas a la vez (quince contra uno, mierda para...). Y cuando uno ataca y se defiende olvida los matices, los posibles puntos en común con el otro y las dudas que tiene. De hecho me acaloré tanto que la persona que tenía al lado me pidió que me tranquilizara porque le estaba subiendo la tensión (!). Tengo un amigo que dice: “no te arrepientas de tus prontos, pero vuelve sobre los problemas”. Así que aquí estoy también para eso.
Quizá haya por ahí algún morboso preguntándose qué nos dieron para cenar. Yo se lo cuento, no hay problema, es muy sencillo. Fue plato único: miedo. El miedo lo impregnaba todo. Miedo al presente, miedo al porvenir, miedo a la gente (sobre todo a la gente joven), miedo a la rebelión de los públicos, miedo a la Red. Siento decir que no percibí ninguna voluntad de cambiar el rumbo, de mirar a otros sitios, de escuchar o imaginar alternativas que no pasen simplemente por insistir con la Ley Sinde o similares. Sólo palpé ese miedo reactivo que paraliza la imaginación (política pero no sólo) para abrir y empujar otros futuros. Ese miedo que lleva aparejado un conservadurismo feroz que se aferra a lo que hay como si fuera lo único que puede haber. Un miedo que ve enemigos, amenazas y traidores por todas partes.
Quien repase la lista de invitados concluirá enseguida que se trata del miedo a la crisis irreversible de un modelo cultural y de negocio en el que “el ganador se lo lleva todo” y los demás poco o nada. Pero no nos lo pongamos demasiado fácil y pensemos generosamente que el miedo que circulaba en la cena no sólo expresa el terror a perder una posición personal de poder y de privilegio, sino que también encierra una preocupación muy legítima por la suerte de los trabajadores de la cultura. Ciertamente, hay una pregunta que nos hacemos todos(1) y que tal vez podría ser un frágil hilo común entre las distintas posiciones en juego en este conflicto: ¿cómo pueden los trabajadores de la cultura vivir de su trabajo hoy en día? 
Lo que pasa es que algunos nos preguntamos cómo podemos vivir los trabajadores de la cultura de nuestro trabajo pero añadiendo (entre otras muchas cosas): en un mundo que es y será infinitamente copiable y reproducible (¡viva!). Y hay otros que encierran su legítima preocupación en un marco de interpretación estrechísimo: la industria cultural, el autor individual y propietario, la legislación actual de la propiedad intelectual, etc. O sea el problema no es el temor y la preocupación, sino el marco que le da sentido. Ese marco tan estrecho nos atrapa en un verdadero callejón sin salida en el que sólo se puede pensar cómo estiramos lo que ya hay. Y mucho me temo que la única respuesta posible es: mediante el miedo. Responder al miedo con el miedo, tratar de que los demás prueben el miedo que uno tiene. Ley, represión, castigo. Lo expresó muy claramente alguien en la reunión, refiriéndose al modelo americano para combatir las descargas: “Eso es, que al menos la gente sienta miedo”. Me temo que esa es la educación para la ciudadanía que nos espera si no aprendemos a mirar desde otro marco.
Tienen miedo a la Red. Esto es muy fácil de entender: la mayoría de mis compañeros de mesa piensan que “copiar es robar”. Parten de ahí, ese principio organiza su cabeza. ¿Cómo se ve la Red, que ha nacido para el intercambio, desde ese presupuesto? Está muy claro: es el lugar de un saqueo total y permanente. “¡La gente usa mis fotos como perfil en Facebook!”, se quejaba amargamente alguien que vive de la fotografía en la cena. Copiar es robar. No regalar, donar, compartir, dar a conocer, difundir o ensanchar lo común. No, es robar. Traté de explicar que para muchos creadores la visibilidad que viene con la copia puede ser un potencial decisivo. Me miraban raro y yo me sentía un marciano.
Me parece un hecho gravísimo que quienes deben legislar sobre la Red no la conozcan ni la aprecien realmente por lo que es, que ante todo la teman. No la entienden técnicamente, ni jurídicamente, ni culturalmente, ni subjetivamente. Nada. De ahí se deducen chapuzas tipo Ley Sinde, que confunde las páginas de enlaces y las páginas que albergan contenidos. De ahí la propia idea recurrente de que cerrando doscientas webs se acabarán los problemas, como si después de Napster no hubiesen llegado Audiogalaxy, Kazaa, Emule, Megavideo, etc. De ahí las derrotas que sufren una y otra vez en los juzgados. De ahí el hecho excepcional de que personas de todos los colores políticos (y apolíticos) se junten para denunciar la vulneración de derechos fundamentales que perpetran esas leyes torpes y ciegas.
Tienen miedo a la gente. Cuando había decidido desconectar y concentrarme en el atún rojo, se empezó a hablar de los usuarios de la Red. “Esos consumidores irresponsables que lo quieren todo gratis”, “esos egoístas caprichosos que no saben valorar el trabajo ni el esfuerzo de una obra”. Y ahí me empecé a poner malo. Las personas se bajan material gratuito de la Red por una multiplicidad de motivos que esos clichés no contemplan. Por ejemplo, están todos aquellos que no encuentran una oferta de pago razonable y sencilla. Pero la idea que tratan de imponernos los estereotipos es la siguiente: si yo me atocino la tarde del domingo con mi novia en el cine viendo una peli cualquiera, estoy valorando la cultura porque pago por ella. Y si me paso dos semanas traduciendo y subtitulando mi serie preferida para compartirla en la Red, no soy más que un despreciable consumidor parásito que está hundiendo la cultura. Es increíble, ¿no? Pues la Red está hecha de un millón de esos gestos desinteresados. Y miles de personas (por ejemplo, trabajadores culturales azuzados por la precariedad) se descargan habitualmente material de la Red porque quieren hacer algo con todo ello: conocer y alimentarse para crear. Es precisamente una tensión activa y creativa la que mueve a muchos a buscar y a intercambiar, ¡enteraos!
Lo que hay aquí es una élite que está perdiendo el monopolio de la palabra y de la configuración de la realidad. Y sus discursos traducen una mezcla de disgusto y rabia hacia esos actores desconocidos que entran en escena y desbaratan lo que estaba atado y bien atado. Ay, qué cómodas eran las cosas cuando no había más que audiencias sometidas. Pero ahora los públicos se rebelan: hablan, escriben, se manifiestan, intervienen, abuchean, pitan, boicotean, silban. En la reunión se podía palpar el pánico: “nos están enfrentando con nuestro público, esto es muy grave”. Pero, ¿quién es ese “nos” que “nos enfrenta a nuestro público”? Misterio. ¿Seguro que el público no tiene ninguna razón verdadera para el cabreo? ¿No es esa una manera de seguir pensando al público como una masa de borregos teledirigida desde algún poder maléfico? ¿Y si el público percibe perfectamente el desprecio con el que se le concibe cuando se le trata como a un simple consumidor que sólo debe pagar y callar?
Tienen miedo al futuro. “¿Pero tu qué propones?” Esa pregunta es siempre una manera eficaz de cerrar una conversación, de dejar de escuchar, de poner punto y final a un intercambio de argumentos. Uno parece obligado a tener soluciones para una situación complejísima con miles de personas implicadas. Yo no tengo ninguna respuesta, ninguna, pero creo que tengo alguna buena pregunta. En el mismo sentido, creo que lo más valioso del movimiento por una cultura libre no es que proponga soluciones (aunque se están experimentando muchas, comoCreative Commons), sino que plantea unas nuevas bases donde algunas buenas respuestas pueden llegar a tener lugar. Me refiero a un cambio en las ideas, otro marco de interpretación de la realidad. Una revolución mental que nos saque fuera del callejón sin salida, otro cerebro. Que no confunda a los creadores ni a la cultura con la industria cultural, que no confunda los problemas del star-system con los del conjunto de los trabajadores de la cultura, que no confunda el intercambio en la Red con la piratería, etc.
Eso sí, hablé del papel fundamental que para mí podrían tener hoy las políticas públicas para promover un nuevo contrato social y evitar la devastación de la enésima reconversión industrial, para acompañar/sostener una transformación hacia otros modelos, más libres, más justos, más apegados al paradigma emergente de la Red. Como se ha escrito, “la inversión pública masiva en estudios de grabación, mediatecas y gabinetes de edición públicos que utilicen intensivamente los recursos contemporáneos -crowdsourcing, P2P, licencias víricas- podría hacer cambiar de posición a agentes sociales hasta ahora refractarios o poco sensibles a los movimientos de conocimiento libre”(2). Pero mientras yo hablaba en este sentido tenía todo el rato la sensación de arar en el mar. Ojalá me equivoque, porque si no la cosa pinta mal: será la guerra de todos contra todos.
Ya acabo. Durante toda la reunión, no pude sacarme de la cabeza las imágenes de la película El hundimiento: encerrados en un búnker, sin ver ni querer ver el afuera, delirando planes inaplicables para ganar la guerra, atados unos a otros por fidelidades torpes, muertos de miedo porque el fin se acerca, viendo enemigos y traidores por todos lados, sin atreverse a cuestionar las ideas que les arrastran al abismo, temerosos de los bárbaros que están a punto de llegar...(3)
¡Pero es que el búnker ni siquiera existe! Los “bárbaros” ya están dentro. Me gustaría saber cuántos de los invitados a la cena dejaron encendidos sus ordenadores en casa descargándose alguna película. A mi lado alguien me dijo: “tengo una hija de dieciséis años que se lo baja todo”. Y me confesó que no le acababa de convencer el imaginario que circulaba por allí sobre la gente joven. Ese tipo de cosas constituyen para mí la esperanza, la posibilidad de razonar desde otro sitio que no sea sólo el del miedo y los estereotipos denigratorios. Propongo que cada uno de los asistentes a la próxima cena hable un rato sobre el tema con sus hijos antes de salir de casa. O mejor: que se invite a la cena tanto a los padres como a los hijos. Sería quizá una manera de sacar a los discursos de su búnker, porque entonces se verían obligados a asumir algunas preguntas incómodas: ¿es mi hijo un pobre cretino y un descerebrado? ¿Sólo quiero para él que sienta miedo cuando enciende el ordenador? ¿No tiene nada que enseñarme sobre el futuro? El búnker ya no protege de nada, pero impide que uno escuche y entienda algo.

Primer punto, esta web la encontré hace más de tres semanas, pero en ese momento el tema Sinde estaba en su punto más caliente y preferí dejar que las cosas volvieran a la normalidad para fomentar un debate sin desfogues y opiniones fuera de tono. Por tanto, ahí va la primera pregunta...

¿Cual es tú opinión acerca de la Ley Sinde?, ¿Crees que será efectiva?


Obviamente, una vez que entramos en este tema abrimos otra puerta al mismo tiempo: la de la, mal llamada,  piratería. En relación a música, películas y, quizás, libros, la opinión de la web suele ser favorable a su aceptación. Pero la cosa cambia en el sector de los videojuegos, donde muchas voces importantes se alzan en contra de este fenómeno. Personalmente, defiendo cualquier tipo de descarga siempre y cuando no se use con fines lucrativos ni desvirtuando la obra original, pero ¿y tú, que opinas sobre....

...la piratería en general?

¿Deberían adaptarse los determinados sectores, o continuar su lucha en contra de los "piratas?

Creo que estos dos temas ya darán suficiente de que hablar en los comentarios (o no, quien sabe), por lo que espero vuestras opiniones. Y recordad, a la hora de empezar el debate: hacedle caso a El Nota, que esta por ahí abajo.

11 bramidos

JFDP13 bramó... 14/3/11 21:12

http://barrapunto.com/~asurancetorix/journal/35641

JFDP13 bramó... 14/3/11 22:08

"cuando uno ataca y se defiende olvida los matices, los posibles puntos en común con el otro y las dudas que tiene"

"si yo me atocino la tarde del domingo con mi novia en el cine viendo una peli cualquiera, estoy valorando la cultura porque pago por ella. Y si me paso dos semanas traduciendo y subtitulando mi serie preferida para compartirla en la Red, no soy más que un despreciable consumidor parásito que está hundiendo la cultura."
(Amén de un traductor y subtitulador)

"“¿Pero tu qué propones?” Esa pregunta es siempre una manera eficaz de cerrar una conversación, de dejar de escuchar, de poner punto y final a un intercambio de argumentos. Uno parece obligado a tener soluciones para una situación complejísima con miles de personas implicadas. Yo no tengo ninguna respuesta, ninguna, pero creo que tengo alguna buena pregunta."

|X| bramó... 14/3/11 22:29

En el programa de redes del domingo (uno de los más interesantes que he visto últimamente, si podeis verlo, hacedlo) hablaban del otro modelo que también está en crisis: el de la educación. Repito, ved el programa si podeis. Tíos, creo que estamos muy cerca de entrar en la siguiente era, ya que la contemporánea ya he de ser superada. Debemos superar ya modelos como los de cultura, educación y negocio nacidos en la ya lejana revolución industrial a favor de unos propios de los tiempos que circulan, no de hace décadas, cuando aún no existía internet. Pero bueno, tiempo al tiempo. El gran avanze que supusieron la ideas de Darwin (todo un cambio de mentalidad, el jaque mate definitivo al antropocentrismo) no se asimilaron de la noche a la mañana, y realmente tardaron más en llegar a la población que a los ambitos intelectuales.
Se que me repito, pero hay una generación que debe desaparecer ya de la vida activa, son todo un lastre.

|X| bramó... 14/3/11 22:31

Por cierto, algún día tenemos que marcar algunas entradas del blog como destacadas, ya que algunas como ésta se lo merecen. Obviamente el argumento para hacerlo no puede ser que al autor le gusta, tendría que ser algún recurso estadístico o una cualición entre los blogers.

JFDP13 bramó... 15/3/11 2:23

Seh, no es mala idea.
Ah:
Donde esté Creative Commons que se quite la SGAE, Sinde y todo lo demás.

|X| bramó... 15/3/11 9:48

http://www.redesparalaciencia.com/4593/redes/2011/redes-87-el-sistema-educativo-es-anacronico

Lo encontré, el programa de redes del domingo.

Galbix bramó... 15/3/11 23:09

Sabía que te gustaría el tercer párrafo que citas J13 xP

Ahora me pongo a ver el programa del que habla X, nunca es mal momento para verse Redes con Punset :)

Roy Ramker bramó... 20/3/11 12:26

El problema en España es la gente que NO QUIERE PAGAR, entiendo y comprendo que no compremos todo lo que consumamos porque nos es imposible, no creo que nadie pueda permitirse el lujo de comprar todos los juegos, música, cine o anime que queramos, ahí ya entra la moral o necesidad de cada uno de lograrlo de una forma u otra.

Pero como digo, o al menos creo, el principal problema sigue siendo es que aquí si pagas eres tonto, la gente no quiero comprar un juego ni que valga menos de 10 euros, no les da la gana pagar y punto. ¿Para qué comprarlo si puedo tenerlo gratis?

Galbix bramó... 20/3/11 16:48

En realidad hay una diferencia, si yo escucho/juego/leo/veo algo que realmente me termina gustando mucho, lo más probable es que -si esta disponible en mi país- termine comprándolo. Eso no quita que también haya gente cuyo lema sea el "todo-gratis", pero te puedo asegurar que no son la mayoría, o al menos no donde yo vivo (que es el único lugar desde el que puedo juzgar perosnalmente).

Yo, JFDP13, X y JAL (el Staff de este blog) tenemos material de manga y anime, bastantes videojuegos originales e incluso discos musicales. Si, a veces "pirateamos" (como dicen algunos), pero no quiere decir que seamos unos delincuentes que quieran derrocar la industria de la cultura (que por cierto, triste realidad: "industria de la cultura").

Finalizo con un ejemplo: Si yo no hubiera descargado (y visto) animes como Afro Samurai o Bakemonogatari, lo más probable es que ahora no los conociera y, por tanto, tampoco querría comprarlos.

Roy Ramker bramó... 20/3/11 19:09

Si eso yo lo entiendo, no soy un hipócrita en ese aspecto. Yo mismo lo he hecho anteriormente y sé que volveré a hacerlo, es una de las mejores formas de no tirar dinero tontamente con toda la mierda (o sencillamente que no te guste) que inunda el mercado.

Solo apuntaba al verdadero problema de esto, los que NUNCA, repito, NUNCA comprarán nada original porque no les da la gana. Da igual el precio, la calidad o la disponibilidad, no lo comprarán y punto. Es una forma de actuar por desgracia muy común.

Galbix bramó... 20/3/11 19:49

Los All-Free son un problema importante si, pero también creo que necesitamos algún movimiento por parte de las industrias (y no, no es la Ley Sinde). De todas formas, visto lo visto parece que este movimiento se hace cada vez más inminente.

P.D: Veo que por fin has podido "resucitar" tu avatar xD