
Phil Fish es el autor de un videojuego de desarrollo independiente que ha llegado a alcanzar una popularidad importante en el sector indie de consumidores. El juego y él, digo. Y es que ciertas declaraciones del Sr. Fish han ofendido a cierto potencial marco de compradores de su videojuego, declarando estos últimos abiertamente que no piensan adquirir su juego porque –y cito a modo de compendio de todo lo que he leído por ahí- “no pienso dar dinero a un gilipollas”. Pero la gilipollez o no de Phil Fish no es lo que voy a debatir hoy aquí, dado que siendo sincero no he visto Indie Game: The Movie, película en la que al parecer se ganó el odio de muchos, y tampoco he seguido más que de forma anecdótica algunas de sus declaraciones polémicas y rifirrafes con el público (si aún con todo os pica la curiosidad, basta con buscar “Phil Fish polémica” o algo similar en Google para satisfacerla). El caso es que, como venía a decir, que Phil sea realmente un gilipollas no afecta en lo absoluto a la calidad de su juego. Un cuadro no pierde calidad porque lo haya pintado Hitler (o Stalin, si sois amigos de Godwin) aunque haya usado la sangre de los judíos o qué sé yo para pintarlo. En esto estamos de acuerdo, ¿no? Eso espero, porque voy a tomarme la libertad de apuntalar esa afirmación como base para lo que viene. Por cierto, es de recibo aclarar que no he probado Fez, usarlo aquí se basa tan solo en dar un ejemplo concreto del tema, pero nada más, mis palabras se pueden extrapolar a cualquier otra obra en circunstancias similares. Seré breve, lo prometo.









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